Últimamente he optado por los préstamos urgentes que ofrecen ciertas empresas que pedirle algún favor a mis familiares, y con ellos me refiero a tíos, tías, primos, abuelos, hermanos, padres, etc. A ninguno le pido algo. Y es que con el tiempo he aprendido que la familia está puesta para pedir y se esconde para apoyar. Pueden exigir el pago de su dinero, pero se molestan cuando uno les cobra. Se desgasta la relación cuando hay un tema monetario de por medio. Además que en la familia siempre hay el buen samaritano que apoya a todos, en este caso somos mi madre y yo. Así que les quiero contar algunas experiencias que he vivido y que me han llevado a tomar esta decisión.

Recuerdo alguna vez en la que una de las hermanas de mi mamá necesitaba cinco mil pesos, así que se los pidió prestados y mi bella madre con corazón de pollo accedió a dárselos, sin cobrarle un solo peso de intereses. La única condición es que se los pagara a más tardar en tres meses, pues los necesitaba para pagarse unos estudios. La fecha de los análisis se acercaba y mi madre no había recibido un solo peso, así que le habló (por primera vez) para cobrarle, por lo que mi tía se molestó, le dijo que aún no era la fecha acordada, que faltaba un día. Pude escuchar la contestación que me molesté tanto que le arrebaté el teléfono a mi señora madre y colgué. A los pocos minutos volvió a sonar, era mi tía para ofrecer disculpas y decirle que no le podía pagar. ¡Ya ni porque eran para algo de la salud de su hermana! Tuve que poner el dinero de mi bolsillo y se me reembolsó dos meses después.

En otra ocasión, uno de mis tíos estaba en un apuro, así que se animó a pedirme de favor que le hiciera un préstamo de tres mil pesos. Me explicó su problema ya accedí a dárselos pese a que los necesitaba para cambiar la televisión de la sala, la cual ya era viejita y quería sorprender a mis padres. Resulta que mi tío tardó medio año en devolvérmelos. Nunca me contestó una llamada, un mensaje y no iba a las reuniones en las que sabía que yo estaría, así que opté por no cobrarle. Un día se los pagó a mi papá, quien fungió como intermediario para dármelos. Ni vergüenza tuvo para verme a la cara.

La gota que derramó el vaso fue que en meses anteriores mi madre necesitaba una operación, la cual nos salía en más de 20 mil pesos, por lo que buscamos la ayuda de la gente a la que le habíamos prestado, que era prácticamente a todos, y no es porque les estuviéramos cobrando el favor, sino porque somos familia y creímos que se preocuparían. Pero la respuesta de la mayoría fue que tenían sus prioridades y no podía desacompletar. ¡Muy bien! Nosotros sí lo hicimos por ellos, pero ellos no pueden hacerlo en una situación de emergencia! No podía creerle, pero mi hermana y yo nos las ingeniamos para obtener el dinero y poder pagar la operación de mi madre.